TSJ Staff
Bryan Johnson ya llevó Kernel Flow a media docena de clínicas de longevidad en EE.UU. El casco cerebral cuesta 117,200 USD, llega tras más de 150M USD invertidos y combina TD-fNIRS con EEG para medir envejecimiento cerebral y desempeño cognitivo. Aún no tiene aprobación de la FDA para diagnóstico o tratamiento, y su valor clínico a escala todavía depende de más datos.
Kernel comenzó a ofrecer su sistema Flow en media docena de clínicas de longevidad en Estados Unidos como un servicio para seguir salud cerebral y rendimiento cognitivo. El equipo tiene un precio de 117,200 USD y llega al mercado después de 10 años de desarrollo y más de 150M USD invertidos. Por ahora, la plataforma no cuenta con aprobación de la FDA para diagnosticar ni tratar enfermedades.
El hardware mezcla time-domain functional near-infrared spectroscopy (TD-fNIRS) con registros de EEG. En términos prácticos, usa 40 módulos ópticos para observar cambios de oxigenación en el cerebro y suma señales eléctricas para ampliar la lectura. Kernel ya vende dos pruebas comerciales: una de 7 minutos enfocada en envejecimiento cerebral y otra de 30 minutos para medir foco, planeación, autocontrol, memoria y coordinación mano-ojo. La compañía afirma además que más de 30 desarrolladores de producto y laboratorios académicos compraron esta tecnología.
Kernel fue fundada en 2016 por Bryan Johnson (fundador), emprendedor tecnológico que inicialmente buscaba construir interfaces cerebro-computadora. La tesis luego cambió hacia un problema más concreto: volver medible el envejecimiento del cerebro dentro del mercado de longevidad. En ese recorrido, Johnson aportó más de 60M USD de su propio capital. Hoy la empresa es dirigida por Ryan Field (CEO), un ingeniero eléctrico que antes trabajó en sensores para autos autónomos.
El interés académico por el sistema existe, pero la utilidad clínica todavía está lejos de cerrarse. Theodore Huppert, especialista en neuroimagen de Stony Brook University, planteó que estas herramientas pueden ser más valiosas para seguir la evolución de una persona en el tiempo que para comparar cerebros de mediana edad entre sí. David Boas, profesor de neurofotónica en Boston University, dijo que aún falta suficiente data y estimó que podría tomar 10 años o más convertir toda esa información en recomendaciones realmente accionables para salud cerebral.
El roadmap de Kernel apunta a usos en deterioro cognitivo, depresión y elección de tratamientos como estimulación magnética o ketamina. La empresa también está reuniendo datos con voluntarios que usan el headset mientras ven contenido audiovisual, en busca de patrones cerebrales asociados a distintas emociones. Ese avance convive con una fricción evidente: la privacidad mental. Huppert advirtió que sistemas basados en fNIRS podrían terminar usándose para leer preferencias de consumo, mientras que Ben Hamley, líder global de I+D en JLL, sostuvo que cualquier aplicación de este tipo necesita tratar la privacidad del paciente como una condición central.