TSJ Staff
Doroth, una deeptech brasileña que fabrica chips de laboratorio (lab-on-a-chip) para diagnóstico molecular, levantó US$4,5 millones en una ronda liderada por Loccus, con apoyo de Finep y Fapesp. El dinero financiará la construcción de lo que sería la primera planta de chips microfluídicos de América Latina, con capacidad de hasta cuatro millones de chips al año. Su tecnología detecta patógenos, transgénicos y genes de resistencia en hojas, semillas, granos, leche y carne para el agro, acortando el diagnóstico de días a minutos.
Doroth, una deeptech brasileña de diagnóstico molecular, levantó US$4,5 millones para dar un paso poco común en la región: construir lo que sería la primera planta de chips microfluídicos de América Latina. La ronda la lideró Loccus, con el apoyo de las agencias públicas de innovación Finep y Fapesp.
Lo que hace Doroth es meter un laboratorio en un chip. Su tecnología (lab-on-a-chip) detecta patógenos, microorganismos, transgénicos y genes de resistencia en hojas, semillas, granos, leche y carne, y acorta un diagnóstico que hoy puede tardar días a cuestión de minutos. Para el agro, eso significa decidir a tiempo si un cultivo o un lote está sano.
La planta, con capacidad de hasta cuatro millones de chips al año, es la apuesta industrial detrás de la ciencia. Fundada en 2019 en Piracicaba, con Camilla Amaral como CEO y el cofundador Rodrigo Gurdos al frente del desarrollo de nuevos negocios, Doroth pertenece a una camada de deeptechs brasileñas que buscan producir hardware avanzado en la región en vez de importarlo, un terreno donde América Latina casi no juega.
El caso es una muestra de un patrón que se repite: ciencia de universidad y de centros públicos que se vuelve empresa, con fondos locales y agencias estatales financiando el salto del laboratorio a la fábrica. Si la planta funciona, Doroth no solo venderá diagnósticos más rápidos: fabricará, desde Brasil, un componente que casi nadie produce en el hemisferio sur.