TSJ Staff
Doroth, una deeptech brasileña de diagnóstico molecular nacida en Piracicaba, levantó unos US$4,5 millones en una ronda liderada por Loccus, que no es un fondo sino un fabricante brasileño de instrumentos y reactivos de biología molecular. El dinero combina capital privado con fondos de fomento de la Finep y la Fapesp, y financia lo que la empresa describe como la primera fábrica de chips microfluídicos de América Latina, con capacidad de hasta cuatro millones de chips al año.
Doroth, una deeptech brasileña de diagnóstico molecular, levantó unos US$4,5 millones en una ronda liderada por Loccus, que no es un fondo de inversión sino un fabricante brasileño de instrumentos y reactivos de biología molecular. El dinero combina capital privado con fondos de fomento de la Finep y la Fapesp, las agencias públicas de innovación, y financia lo que la empresa describe como la primera fábrica de chips microfluídicos de América Latina.
Su plataforma mete en un equipo compacto los pasos que hoy requieren un laboratorio entero: preparación de la muestra, extracción del material genético, amplificación y lectura del resultado. Detecta patógenos, microorganismos, transgénicos y genes de resistencia en hojas, semillas, granos, leche y carne, y también agentes infecciosos dentro de insectos vectores, de la chicharrita del maíz al Aedes aegypti.
Los tiempos dependen del producto. Su test rápido portátil, basado en la técnica LAMP, detecta el ADN de un patógeno en alrededor de una hora y media, y su equipo para identificar nematodos tarda menos de seis horas. La promesa de bajar a menos de cinco minutos depende de Extreme PCR, una técnica publicada en 2015 que la compañía quiere habilitar con las enzimas propias que fabricará en la nueva planta.
La fábrica tendrá capacidad de hasta cuatro millones de chips al año, con robots delta para ensamblarlos sin manipulación humana y producción propia de enzimas y de las perlas liofilizadas que van dentro de cada chip. Dónde estará, cuánto cuesta y cuándo abre no se difundieron. El comunicado de Loccus tampoco repite el título de primera de la región: esa frase es de Doroth.
La empresa quedó registrada en diciembre de 2018 en Piracicaba, en el interior de San Pablo, y nació como healthtech: su primer proyecto financiado por la Fapesp, en 2019, era de medicina personalizada. El giro al agro vino después. La fundaron Camilla Fraga do Amaral, odontóloga y hoy CEO, y Samuel Matos da Costa, los dos socios que figuran en el registro, junto a Rodrigo Gurdos, que dirige el área de nuevos negocios. La investigación la encabeza Gabriella Dias Arena, doctora en Genética y Biología Molecular por la Unicamp y con paso por la Universidad de California en Davis.
Nosotros tenemos capacidad de producción y de innovación. Doroth tiene un stock inmenso de conocimiento científico, porque son grandes investigadores los que trabajan ahí, pero no tiene capacidad productiva para escalar sus invenciones.
Entre sus clientes, Doroth lista a Philip Morris, FMC, Koppert, ICL, UBY y AgroAmazônia, y dice monitorear más de 60.000 hectáreas. El mercado que persigue hoy se abastece afuera: Brasil importó US$775 millones en reactivos de diagnóstico y laboratorio en 2025 y exportó US$27 millones, unos 29 dólares que entran por cada uno que sale. Y lo que su tecnología rastrea es caro: la chicharrita del maíz le costó al país US$25.800 millones en cuatro campañas, según un estudio de la confederación agropecuaria con la Embrapa.