TSJ Staff
Neil Rimer, cofundador de Index Ventures, dijo que la riqueza que está creando la IA terminará redistribuyéndose, por decisión propia o por presión política. Su comentario llega cuando cae la filantropía entre los más ricos, California discute un impuesto patrimonial de 5% y Forbes ya cuenta 45 nuevos multimillonarios de IA con 2,9 billones de USD.
Neil Rimer, cofundador de Index Ventures, cree que la concentración de riqueza que está acelerando la IA no se sostendrá sin respuesta social o política. La observación importa porque no llega desde la periferia del ecosistema: Index ha levantado alrededor de 15 mil millones de USD de inversores externos desde su fundación y, con eventos de liquidez como el IPO de Figma y la compra de Wiz por Google, habría capturado cerca de 9 mil millones de USD solo el año pasado.
«Será voluntario o será involuntario, pero va a pasar, y espero que sea voluntario».
La vía voluntaria hoy muestra menos tracción que hace una década. The Giving Pledge, lanzado por Warren Buffett y Bill Gates en 2010, pasó de sumar 113 familias en sus primeros cinco años a apenas 4 nuevas adhesiones en 2024. Al mismo tiempo, las donaciones benéficas en Estados Unidos marcaron un récord de 592,5 mil millones de USD en 2024, pero la base de donantes sigue achicándose: la cantidad de personas que aportan cayó por quinto año consecutivo, con una baja de 4,5% el año pasado. Entre los hogares de mayores ingresos, la participación habría retrocedido de 90% en 2017 a 81% en 2024. El patrón también aparece en el entorno de Anthropic, parte de la cartera de Index: aunque la startup iguala donaciones de empleados a organizaciones benéficas por hasta 25% de su equity, muchos nuevos millonarios estarían priorizando angel investing o nuevos proyectos propios.
La alternativa que gana espacio es la intervención pública. California votará este año un impuesto patrimonial único de 5% para multimillonarios, mientras algunos fundadores e inversores ya movieron su residencia principal a Florida. OpenAI también aparece en esa conversación: la compañía estaría explorando una salida a bolsa en 2027 y, además, habría discutido entregar 5% de su equity al gobierno federal como una manera de compartir parte del upside de la IA. La propuesta despierta resistencia entre economistas y dirigentes del estado, que recuerdan el historial de países desarrollados que abandonaron tributos similares tras ver fuga de capital y mudanza de contribuyentes de alto patrimonio.
Los números ayudan a medir la escala del fenómeno. Elon Musk superó el umbral de 1 billón de USD en patrimonio tras el IPO de SpaceX del mes pasado. Forbes incorporó 45 nuevos multimillonarios vinculados a IA en su ranking 2026, con una riqueza combinada de 2,9 billones de USD, antes incluso de que Anthropic u OpenAI coticen en bolsa. Si ambas completan sus IPOs, sus empleados tendrían patrimonio suficiente para comprar casi un tercio de todas las viviendas del área metropolitana de San Francisco. En paralelo, el top 1% de los hogares de Estados Unidos concentró 31,7% de la riqueza en el 3er trimestre del año pasado, prácticamente lo mismo que el 90% de los hogares fuera del decil superior. Gabriel Zucman agrega otra referencia: en la cima de la primera Gilded Age, las cuatro mayores fortunas equivalían a 4% del PIB de EE.UU.; hoy, un grupo de 19 hogares concentra cerca de 14%.
Rimer ya participa en mecanismos tradicionales de devolución de riqueza. Integra el board de Endeavor Greece, presidió Human Rights Watch entre 2019 y 2025 y, a fines de 2021, donó junto con su padre y sus dos hermanos 13M USD a McGill University para renovar un edificio del campus y crear un Institute for Indigenous Research and Knowledges. Aun así, su inquietud va más allá de la filantropía individual y toca la legitimidad cultural de la industria. En su lectura, tech todavía puede elegir un camino parecido al que defendió Andrew Carnegie en 1889, cuando pidió que los ricos distribuyeran su fortuna en vida. La otra referencia histórica es menos amable: en los años 30, la presión política por gravar a los más ricos terminó elevando la tasa marginal máxima en Estados Unidos hasta 79%. Para Silicon Valley, la discusión ya no gira solo alrededor de cuánto valor crea la IA, sino de qué parte de ese valor volverá a la sociedad y bajo qué reglas.