TSJ Staff
El boom de la inteligencia artificial está inundando de dinero a San Francisco, y ese dinero ya se nota en un lugar inesperado: el mercado de las mansiones. En Compass y otras inmobiliarias lo llaman una 'escasez de mansiones', con una demanda de casas de lujo tan feroz que la oferta no alcanza a cubrir.
La competencia es brutal. Algunas propiedades reciben hasta 50 ofertas y, en la punta más alta, ni siquiera ofertas en efectivo de US$25 millones o más alcanzan para quedarse con la casa. Solo en junio hubo 44 ventas que cerraron al menos US$1 millón por encima del precio pedido. Los compradores suelen pagar en efectivo, beneficiados por la subida de la bolsa.
El perfil se repite: ejecutivos de IA de treinta y pico o cuarenta y pocos, con hijos chicos, que necesitan cerrar una casa rápido para asegurar el colegio. El fenómeno también sacude el alquiler, con veinteañeros muy bien pagos que pueden desembolsar US$10.000 por mes sin despeinarse.
El detonante es la fortuna que empezaron a liberar OpenAI y Anthropic, que presentaron sus papeles para salir a bolsa este año: una ola de riqueza que ya se siente, con el grueso todavía por materializarse cuando esas ofertas se concreten. En una ciudad donde un departamento de unos 150 metros cuadrados a US$2 millones ya cuenta como lujo 'de entrada', la bonanza reaviva el miedo de siempre: que otra camada de nuevos ricos termine expulsando a los que ya no pueden pagar para quedarse.