TSJ Staff
Matías Massotti creó Massotti Ventures para invertir en startups latinoamericanas que puedan escalar fuera de su mercado inicial. Su tesis nace de haber construido una empresa de telemedicina con presencia en Argentina, México y Estados Unidos y de haber operado una industria con fricción regulatoria y cultural. Hoy prioriza equipos con ejecución, adaptación y una propuesta de valor nítida.
Matías Massotti arrancó una nueva etapa con Massotti Ventures, el vehículo con el que busca invertir en startups latinoamericanas capaces de crecer fuera de su país de origen. Su mirada viene de la operación: antes había empujado una compañía de telemedicina que terminó ganando presencia en Argentina, México y Estados Unidos.
La historia detrás de esa tesis no empezó en una oficina ni dentro de un fondo. A los 20 años, después de ser echado de su casa, comenzó a trabajar desde la terraza de un local de comidas y desde ahí levantó un proyecto ligado a salud y tecnología. Su hipótesis era que el sistema sanitario seguía muy retrasado frente al avance digital que ya mostraban industrias como comercio, finanzas y comunicaciones, con acceso lento, información clínica dispersa y una lógica centrada en reaccionar cuando la enfermedad ya aparecía.
La apuesta por la telemedicina llegó antes de que el mercado la absorbiera. Había reparos dentro de la comunidad médica y también obstáculos regulatorios y culturales para validar la atención remota. Ese panorama cambió con la pandemia, cuando la consulta virtual dejó de ser discutida y pasó a resolver una necesidad inmediata. Esa aceleración empujó el crecimiento de la empresa en los tres países donde operó y también le dio a Massotti experiencia concreta para leer mercados complejos.
Massotti Ventures fue creado por Matías Massotti (fundador), quien previamente desarrolló y expandió una empresa de telemedicina en Argentina, México y Estados Unidos. Desde ahí armó una tesis enfocada menos en la novedad del pitch y más en la capacidad real de un equipo para ejecutar, ajustar su producto y sostener una compañía en industrias donde cada mercado obliga a recalibrar el modelo.
«Una buena idea por sí sola no alcanza, para construir una empresa sostenible hacen falta ejecución, capacidad de adaptación y una propuesta de valor clara».
Con ese criterio, busca startups de la región que ataquen dolores visibles y tengan espacio para crecer en más de un país. América Latina, en su lectura, combina talento emprendedor con muchos sectores todavía ineficientes; por eso su foco está en equipos que no solo detecten una oportunidad, sino que también puedan convertirla en una operación replicable.