TSJ Staff
La idea suena a folleto: comprás un auto por US$30.000, lo sumás a una red y, mientras no lo usás, sale a levantar pasajeros y te deja dinero. Eso es lo que Elon Musk promete con el Cybercab, el robotaxi sin volante ni pedales que Tesla acaba de estrenar en Austin. Musk dice que lo venderá al público, aunque la producción de 2026 va a su propia flota y las ventas a consumidores apuntan recién a 2027.
El detalle no es menor para entender por qué Tesla vale lo que vale. El mercado no la paga como una automotriz, sino como una plataforma de movilidad autónoma: parte de los analistas atribuye a ese negocio de robotaxis más de la mitad del valor de la compañía. El auto de US$30.000 que trabaja para su dueño es, justamente, la pieza que haría realidad esa historia a escala masiva.
La cuenta que entusiasma es simple: si nadie maneja, la porción de la tarifa que hoy se lleva el chofer queda para repartir entre el dueño del auto y Tesla, que además cobraría por la plataforma y el seguro. Es el modelo de Uber o Airbnb, pero con el vehículo manejándose solo. En el papel, con alta ocupación los números cierran; el problema es todo lo que hay en el medio.
Y ahí aparece la letra chica. Hasta ahora Tesla no publicó precio final, ni configurador, ni fecha de entrega del Cybercab, ni las condiciones concretas de esa red de dueños: pagos, requisitos, cobertura. Es más: el dueño particular que evoca la promesa hoy no tiene forma de sumarse, porque el único canal abierto es un formulario para empresas que quieran operar flotas. La flota que sí circula es propiedad de Tesla: 45 Cybercabs registrados en Texas, en una sola ciudad.
Suma un frente incómodo: el regulador de tránsito de Estados Unidos abrió una investigación sobre si el Cybercab está siquiera autorizado a circular sin volante ni pedales. Entre la promesa de un auto que genera ingresos pasivos y la realidad de una flota inicial acotada y bajo la lupa está toda la apuesta: si Tesla cumple, el de US$30.000 podría ser un activo que trabaja solo; si no, es una automotriz cara esperando un futuro que todavía no llegó.