TSJ Staff
Flying Rivers Capital, gestora brasileña de inversión climática, lanzó su segundo fondo con una meta de US$400 millones. El Fondo Verde para el Clima (GCF) de la ONU aprobó un aporte de US$50 millones y el BNDES, el banco de desarrollo de Brasil, pondrá unos US$93 millones. Según la gestora, el GCF podrá ceder una porción de su retorno para compensar en parte a los inversores extranjeros si el real se devalúa con fuerza.
La gestora brasileña de inversión climática Flying Rivers Capital lanzó su segundo fondo, con una meta de US$400 millones que puede ampliarse a US$500 millones, y ya tiene un inversor ancla, es decir, un primer aportante de peso que da respaldo al resto. Es el Fondo Verde para el Clima (GCF, por su sigla en inglés), el fondo multilateral creado en el marco de la ONU para financiar proyectos climáticos, que aprobó el 28 de octubre, en Corea del Sur, un aporte de US$50 millones. Además, el BNDES, el banco de desarrollo de Brasil, pondrá 500 millones de reales (unos US$93 millones). Con esos compromisos, el fondo arranca con cerca del 35% de la meta, según la gestora, y ahora sale a buscar inversores locales e internacionales.
La novedad es un mecanismo de cobertura cambiaria, es decir, de protección ante la devaluación, pensado para atraer capital extranjero. Según la gestora, el GCF invierte en las mismas condiciones que el resto de los aportantes, pero puede ceder una porción de su retorno para compensar en parte a los inversores internacionales si el real se devalúa con fuerza. Flying Rivers, que diseñó la estructura junto con el organismo, afirma que es la primera de su tipo que aprueba el GCF. Antes, el proyecto obtuvo el aval del Ministerio de Hacienda de Brasil, que evalúa si las propuestas se alinean con las prioridades del país y emite la llamada carta de no objeción.
En enero, el BNDES eligió la estrategia de Flying Rivers, registrada como EB Clima II, junto con otros seis fondos, entre las 45 propuestas que recibió en su convocatoria pública para fondos de mitigación climática.
El Fondo II invertirá en seis a diez empresas brasileñas de transición energética, seguridad alimentaria y recursos naturales, en áreas como el almacenamiento de energía en baterías, los bioinsumos (fertilizantes y productos para el control de plagas de origen biológico), el riego, el reciclaje avanzado y la generación de energía a partir de residuos. Son compañías en etapa de crecimiento: ya superaron la etapa del venture capital, pero todavía no tienen la madurez para acceder a financiamiento de infraestructura o de proyectos. Además de capital, la gestora planea acercarles socios técnicos, clientes y financiadores.
Flying Rivers fue fundada en octubre de 2025, como escisión del área climática de la gestora brasileña eB Capital, por Luciana Antonini Ribeiro (CEO), socia fundadora de eB Capital. Ribeiro trabajó antes 17 años en el grupo de medios brasileño RBS, donde estuvo a cargo de las áreas legal y de desarrollo de negocios. Según la gestora, la estrategia anterior de Flying Rivers dentro de eB Capital captó e invirtió más de 1.000 millones de reales (unos US$186 millones) en seis empresas, entre ellas Cirklo, una plataforma de reciclaje de botellas PET, y Bioo, que produce biometano a partir de residuos agroindustriales y orgánicos.
La mayor barrera es el miedo del inversor internacional a una variación del tipo de cambio.