TSJ Staff
Harvey, la startup de inteligencia artificial para equipos legales, levantó US$550 millones en una ronda que la valúa en US$15.500 millones. La operación, co-liderada por Diffusion y Lightspeed Venture Partners, llega menos de seis meses después de que la empresa levantara US$200 millones a una valuación de US$11.000 millones: sumó unos US$4.500 millones de valor en medio año.
Harvey no es un chatbot legal genérico. Es una plataforma que le da a abogados de estudios y a equipos legales internos una batería de agentes de IA afinados para el trabajo jurídico complejo: investigación legal, revisión y gestión de documentos (su producto Vault), análisis de contratos y espacios de colaboración seguros. La apuesta es automatizar el trabajo pesado y repetitivo para que el abogado se quede con el criterio.
La tracción explica los números. Según la compañía, la usan el 80% de los estudios del Am Law 100 (el ranking de los mayores bufetes de Estados Unidos) y cinco de las empresas del Fortune 10 entre sus clientes corporativos. En paralelo, Harvey empezó a soltar amarras del modelo ajeno: lanzó un modelo propio de pesos abiertos posentrenado para lo legal y un Legal Agent Benchmark para medir el desempeño de la IA en tareas jurídicas.
Detrás están Winston Weinberg y Gabe Pereyra, que fundaron Harvey en 2022. Weinberg venía de litigar como abogado; Pereyra, de investigar IA en DeepMind y Meta AI. Esa dupla (dominio legal más músculo técnico) es la que sedujo a una lista de inversores de peso: además de Diffusion y Lightspeed, en la ronda participaron Sequoia, Kleiner Perkins, a16z, Coatue, GIC y Goldman Sachs Alternatives, entre otros.
La oportunidad para que las empresas aceleren su ventaja competitiva con IA nunca fue tan grande. Harvey quiere ser el socio global al que los equipos legales recurran para este trabajo.
El apetito por la IA legal es voraz: es uno de los verticales donde el software encuentra tareas caras, medibles y repetitivas, y donde los clientes pagan bien. Harvey se volvió el nombre de referencia del rubro, pero también un termómetro de una fiebre inversora que sigue inflando valuaciones a un ritmo que pocos negocios pueden acompañar.