TSJ Staff
Loora cobra alrededor de US$10 al mes por conversaciones ilimitadas con una IA, contra los cerca de US$50 la hora de un tutor humano. Llegó a 15 millones de estudiantes en el mundo y más de 200 millones de interacciones, con más de 100 clientes corporativos. La ronda financia expansión en América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia, y duplicar la plantilla en seis meses.
Loora, la plataforma israelí que enseña inglés a través de conversaciones con inteligencia artificial, levantó una Serie B de US$22 millones liderada por Union Tech Ventures, con vgames como el otro inversor nuevo y la participación de Emerge, Hearst Ventures y QP Ventures, que ya estaban en la compañía. Con esta ronda acumula US$43,25 millones.
La compañía reporta más de 260.000 usuarios en Argentina y un crecimiento de 40% interanual, una de sus plazas más activas fuera de Estados Unidos. América Latina es uno de los destinos declarados del dinero: Loora planea acelerar su crecimiento en la región junto con Estados Unidos, Europa y Asia, y duplicar su plantilla en los próximos seis meses, sobre todo en investigación en IA y ciencias del aprendizaje.
El argumento comercial es de precio. Loora cobra alrededor de US$10 mensuales por conversaciones ilimitadas con su modelo, contra los hasta US$50 la hora que, según la compañía, cuesta un tutor humano. No corrige ejercicios: sostiene una conversación, interrumpe, repregunta y ajusta el nivel sobre la marcha. Es la práctica oral, y no el contenido, lo que la compañía vende.
A escala global la plataforma acumula 15 millones de estudiantes, más de 200 millones de interacciones y más de 100 clientes corporativos entre empresas, gobiernos y universidades. Su facturación anual recurrente se ubica, según la compañía, en decenas de millones de dólares, y se duplicó en el último año.
Roy Mor y Yonti Levin cofundaron Loora en 2020: Mor es el CEO y Levin el CTO. Antes de esta ronda habían levantado US$9,25 millones en la semilla y US$12 millones en una Serie A en 2024. Sylvia Johnson dirige el diseño de aprendizaje. La tesis que sostienen es que el cuello de botella para aprender inglés nunca fue el contenido, que sobra y es gratis, sino conseguir a alguien con quien practicar sin pagar una fortuna ni sentir vergüenza.