TSJ Staff
Una demanda colectiva presentada en San Francisco acusa a Oura, la finlandesa del anillo inteligente de salud, de exagerar la precisión de su producto: promociona un 95% de acierto en las fases del sueño frente a un laboratorio clínico, pero la denuncia sostiene que la cifra real ronda el 50% y que un anillo no puede medir el sueño como una polisomnografía. El caso llega cuando Oura, valuada en unos US$11.000 millones, se encamina a salir a bolsa. La ironía: acaba de ganar una batalla de patentes en la que su rival Ultrahuman quedó expuesto por falsificar pruebas.
Oura, la finlandesa del anillo inteligente que promete llevar datos de sueño de grado clínico a un dedo, enfrenta una demanda colectiva en Estados Unidos que apunta al corazón de su marketing: que exagera cuán preciso es su producto. La denuncia llega justo cuando la empresa, valuada en unos US$11.000 millones, se encamina a salir a bolsa.
Presentada el 21 de agosto de 2026 en un tribunal federal de San Francisco por el estudio Clarkson, la demanda cuestiona una promesa estrella de Oura: una 'precisión del 95% en las fases del sueño frente a un laboratorio clínico', exhibida en la página de su anillo. Según la denuncia, la cifra real está más cerca del 50%. La demandante, Madison Surber, dice haber pagado unos US$513 por un dispositivo que no hace lo que promete.
El argumento es físico. Medir de verdad las fases del sueño (vigilia, sueño ligero, profundo y REM) exige registrar la actividad eléctrica del cerebro con electrodos en el cuero cabelludo y el movimiento de los ojos, algo que solo hace una polisomnografía en un laboratorio. Un anillo en el dedo no puede: estima las fases con inteligencia artificial a partir del pulso, la variabilidad cardíaca, el movimiento, la respiración y la temperatura. 'El sueño ocurre en el cerebro, no en el dedo', resume la demanda, que sostiene que esas estimaciones tienen 'la chance de una moneda al aire' de acertar. Cita un estudio de 2025 publicado en Nature en el que el anillo identificó bien la fase del sueño apenas el 53% de las veces.
Oura rechaza las acusaciones. Dice que respalda su ciencia, su investigación y sus afirmaciones de precisión, y que su medición fue validada y comparó favorablemente contra la polisomnografía en varios estudios. Su mejor carta es un trabajo del Brigham and Women's Hospital que ubicó a su anillo como el tracker de consumo más preciso, con un 79% de coincidencia con el estándar clínico, un número no tan lejos del techo real: incluso dos técnicos humanos que puntúan la misma noche coinciden apenas en torno al 83%. La brecha entre ese 79% y el 53% del otro estudio refleja, en parte, muestras distintas: adultos sanos frente a pacientes con trastornos del sueño.
El momento es lo que vuelve el caso delicado. En mayo de 2026 Oura presentó de forma confidencial su borrador de salida a bolsa ante la SEC, y la precisión es, literalmente, su principal argumento de venta: sobre esa promesa construyó una marca que ya vendió más de 5,5 millones de anillos, factura cerca de US$1.000 millones al año y cobra una suscripción mensual para desbloquear la mayoría de sus métricas. Si un tribunal erosiona esa promesa, el golpe no es solo legal: toca el relato que Oura quiere venderles a los inversores.
La ironía es difícil de ignorar. Oura viene de ganar una batalla de patentes en la que su rival quedó expuesto mintiendo. La Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (ITC) falló a su favor y, desde el 21 de octubre de 2025, prohibió importar y vender en el país los anillos de la india Ultrahuman. En el proceso, Ultrahuman presentó un video trucado para aparentar que fabricaba en una planta propia en Texas: le agregó cartelería, cambió banners y falsificó marcas en las piezas. La ITC lo calificó de tergiversación flagrante, emblemática de la falta de credibilidad de la empresa. RingConn, otro rival, prefirió licenciar las patentes en vez de pelear.
Lejos de frenar, Oura abrió un nuevo frente: en noviembre de 2025 denunció ante la ITC a Samsung, Reebok, Zepp Health y Nexxbase por infringir las mismas patentes, apuntando entre otros al Galaxy Ring. Así, la empresa que castigó a un competidor por mentir sobre su fábrica llega a su salida a bolsa acusada, ella misma, de exagerar lo que su producto puede hacer. El debate de fondo la excede: los wearables detectan bien si uno duerme o está despierto, pero clasificar las fases del sueño sigue siendo, por ahora, terreno del laboratorio y no del dedo.