TSJ Staff
El Senado de Brasil aprobó el Redata, un régimen tributario especial que suspende impuestos federales por cinco años a los centros de datos autorizados en el país. La votación, simbólica y sin objeciones, fue el 1 de septiembre; el proyecto quedó a la espera de la firma del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El objetivo es atraer la inversión en infraestructura de nube e inteligencia artificial que hoy se disputan los grandes mercados.
El mecanismo es directo: durante cinco años, los equipos de tecnología destinados a un data center habilitado no pagan impuesto de importación, IPI, PIS/Cofins ni PIS/Cofins-Importación, y al cumplir las contrapartidas esas suspensiones se vuelven exenciones permanentes. El gobierno calcula una renuncia fiscal de cerca de US$1.000 millones en 2026, que baja a alrededor de US$190 millones anuales en los ejercicios siguientes.
No es un cheque en blanco. Para acceder al beneficio, los operadores deben cubrir toda su demanda eléctrica con fuentes renovables o de baja emisión, mantener una eficiencia hídrica estricta en la refrigeración y publicar reportes de sostenibilidad. Además, tienen que reservar al menos el 10% de la capacidad al mercado brasileño e invertir en investigación y desarrollo, con una porción dirigida a las regiones Norte, Nordeste y Centro-Oeste.
La reacción del sector no se hizo esperar. Paula Bellizia, vicepresidenta de AWS para América Latina, calificó la medida de "excelente noticia" y dijo que pone a Brasil "en el radar de las inversiones globales" en centros de datos. Amazon invirtió US$3.800 millones en Brasil desde 2011 y anunció otros US$1.800 millones en 2024, para un compromiso de unos US$5.600 millones en el país; en toda la región la cifra llega a US$14.600 millones, con US$5.000 millones para México y US$4.000 millones para Chile. Aun así, la ejecutiva evitó atar nuevos anuncios a la aprobación del régimen.
El movimiento llega en plena fiebre global por la infraestructura de IA. El apetito es tal que las aseguradoras proyectan que las primas para cubrir data centers trepen a unos US$24.200 millones hacia 2030, más del doble de los US$10.600 millones actuales. Brasil apuesta su energía renovable barata y los incentivos fiscales para quedarse con una parte de ese capital, en una carrera donde México y Chile pelean por lo mismo.