TSJ Staff
Las Earthships son viviendas desarrolladas en Estados Unidos hace más de cinco décadas que reutilizan neumáticos, botellas y latas, y pueden cubrir parte de su energía y agua dentro del hogar. El diseño combina masa térmica, paneles solares, almacenamiento de lluvia y cultivo interno. En LatAm, el concepto resulta relevante para zonas donde la energía, el agua y la infraestructura encarecen la vivienda.
Las Earthships volvieron a aparecer en la conversación sobre construcción sustentable por una combinación poco habitual: convierten residuos como neumáticos, botellas y latas en parte de la vivienda y, al mismo tiempo, buscan cubrir energía, agua y hasta parte de los alimentos dentro del mismo hogar . El atractivo del modelo crece cuando subir la factura de servicios y bajar el impacto ambiental pasan a ser parte de la misma decisión de diseño.
El concepto surgió en Estados Unidos hace más de cinco décadas con el arquitecto Michael Reynolds. Su planteo reúne seis componentes: materiales reciclados, producción propia de energía, control térmico pasivo, manejo del agua, reutilización del agua ya usada en la casa y espacios para cultivar alimentos. El elemento más reconocible son los muros hechos con neumáticos cargados con tierra compactada, una solución que aporta estructura y una alta inercia térmica.
Esa capacidad de acumular calor durante el día y liberarlo más tarde ayuda a sostener interiores cerca de los 20 °C , con menor necesidad de calefacción o refrigeración. El esquema suele apoyarse además en orientación solar, superficies vidriadas y vegetación integrada. En paralelo, muchas de estas viviendas instalan paneles solares para alimentar luces, electrodomésticos y bombas de agua; en algunos casos también suman pequeños aerogeneradores, según el lugar.
El agua es otra pieza central. La lluvia se recolecta desde la cubierta, se guarda en cisternas y se filtra para usarla dentro de la vivienda. Después, parte del agua proveniente de usos cotidianos puede destinarse al riego en invernaderos interiores y volver a aprovecharse en descargas sanitarias. Ese circuito baja el consumo de red y reduce descargas, algo especialmente valioso en zonas donde el acceso a infraestructura es caro o limitado.
Las huertas internas completan la lógica del sistema al permitir producción de hortalizas para consumo diario incluso en climas fríos. Para LatAm, la idea importa menos como receta única y más como referencia para proyectos residenciales o comunitarios con presión sobre energía y agua. Su adopción depende de variables concretas — clima, disponibilidad de materiales, regulación local y costo de obra — pero ofrece una pista clara sobre cómo combinar circularidad, eficiencia y menor dependencia de servicios externos.