Pix convirtió el pago doméstico en una experiencia casi inmediata. Desde su lanzamiento en 2020, ya procesó más de 64.000 millones de transacciones en un año, con un crecimiento interanual de 52%, y hoy concentra más de 90% de los pagos instantáneos en Brasil. Esa escala ya supera el volumen combinado de tarjetas de crédito y débito en el país.
TSJ Staff
Pix ya supera 64.000 millones de transacciones al año y concentra más de 90% de los pagos instantáneos en Brasil, pero mover BRL al exterior todavía puede tomar entre 2 y 5 días. Ese vacío aceleró el uso de stablecoins y llevó a Brasil a separar la regulación entre eFX y VASP/SPSAV. El siguiente reto es esconder esa complejidad para empresas y usuarios.
Pix convirtió el pago doméstico en una experiencia casi inmediata. Desde su lanzamiento en 2020, ya procesó más de 64.000 millones de transacciones en un año, con un crecimiento interanual de 52%, y hoy concentra más de 90% de los pagos instantáneos en Brasil. Esa escala ya supera el volumen combinado de tarjetas de crédito y débito en el país.
El avance también se ve en empresas. En diciembre de 2024, Pix movió más de 1 billón de reales en pagos B2B, 56% más que un año antes. En su jornada de mayor actividad liquidó 252 millones de transacciones, mientras que los pagos de persona a comercio crecieron 94% interanual. Para 2025, ya venía encaminado a superar a las tarjetas de crédito en e-commerce brasileño.
Ese salto de producto no se replicó en pagos internacionales. Cuando una empresa brasileña tiene que pagar a un proveedor en México o a un fabricante en China, vuelve a operar con banca corresponsal, cuentas prefondeadas, ventanas de liquidación de 2 a 5 días y requisitos cambiarios para justificar salidas de capital en BRL. El contraste es fuerte: una economía que ya paga por QR en segundos sigue usando una infraestructura mucho más pesada para transferir valor fuera del país.
El costo de esa diferencia puede ser material. En el ejemplo planteado en el análisis, una compañía que mueve 10M USD al mes en pagos transfronterizos enviaría unos 500.000 USD por día en un mes de 20 días hábiles. Con liquidaciones de 2 a 5 días, entre 1M USD y 2,5M USD quedarían inmovilizados en tránsito. A un costo de capital de 5%, eso implica entre 50.000 USD y 125.000 USD anuales, antes de sumar spreads de FX de 2% a 5% y fees de 25 USD a 50 USD por transferencia. En corredores latinoamericanos, operar con rieles tradicionales puede costar entre 30% y 50% más que una alternativa basada en stablecoins.
Ese contexto ayuda a explicar por qué las stablecoins ganaron tracción en la región. El análisis cita que ya representan más de la mitad de la actividad cambiaria denominada en pesos colombianos, pesos argentinos y reales brasileños. También sostiene que 71% de las instituciones latinoamericanas las usan para pagos transfronterizos, la tasa más alta entre regiones.
En mercados con inflación alta, el incentivo es defensivo además de operativo. El texto menciona inflación superior a 140% en Argentina y a 200% en Venezuela. En paralelo, la tasa de depósitos de referencia en Brasil se ha mantenido cerca de 15%, en un entorno de presión inflacionaria y volatilidad cambiaria. En remesas, la diferencia de costos también aparece: en el corredor Estados Unidos-México, los envíos vía rieles de stablecoins bajaron a menos de 1%, frente a 5% a 7% en canales tradicionales. Bitso procesó 6,5 mil millones de dólares en remesas cripto entre ambos países en 2024, cerca de 10% del corredor.
La respuesta brasileña fue ordenar el mercado en vez de frenarlo por completo. Bajo el esquema de licencias VASP, reforzado por resoluciones de fines de 2025, las entidades con licencia eFX quedan dentro del mercado cambiario fiat tradicional, mientras que los VASP autorizados —clasificados oficialmente como SPSAV— pueden operar pagos transfronterizos apoyados en stablecoins.
Para fintechs y proveedores de pagos, eso crea dos rutas reguladas que conviven al mismo tiempo. Elegir entre transferencia fiat, settlement con stablecoins, ruteo on-chain o corresponsalía bancaria deja de ser una simple decisión de producto: cambia la estructura de costos, la contraparte y la carga de compliance según el monto, el corredor y el perfil del cliente.
Brasil ya trabaja en una versión de cross-border Pix, pero con un alcance más acotado: extender el uso de Pix para residentes brasileños cuando viajan o pagan fuera del país. Eso no resuelve por sí solo la conversión de moneda, la liquidación entre jurisdicciones, los controles AML ni la gestión de liquidez entre sistemas distintos.
Después de haber simplificado el pago local, la siguiente capa regional parece estar en otro lugar: esconder la complejidad transfronteriza para que la empresa pague desde la interfaz que ya usa y el proveedor cobre en su moneda sin tomar decisiones sobre rieles, licencias o compliance. Ahí se juega una parte importante de la próxima etapa de pagos en América Latina.