TSJ Staff
Nat4Bio, una startup argentina de biotecnología nacida en 2021, desarrolló un recubrimiento comestible y sin residuos que alarga la vida útil de la fruta fresca y evita que se pudra. Lo fabrica a partir de compuestos que ciertos microorganismos producen por fermentación, en una formulación sin células vivas que, según la empresa, ninguna otra solución poscosecha del mundo usa. Ya trabaja con empresas frutícolas líderes y ganó un premio que la llevará a presentar su tecnología en una feria en Francia.
Nat4Bio, una startup argentina de biotecnología, encontró una forma de pelear contra un enemigo viejo y carísimo: la fruta que se pudre antes de llegar a la mesa. Desarrolló un recubrimiento comestible y sin residuos que alarga la vida útil de la fruta fresca, y acaba de ganar un premio que la llevará a presentar su tecnología en una feria en Francia.
El producto es un recubrimiento comestible y transparente que se aplica sobre la fruta fresca, retrasa la maduración y frena la putrefacción. La vuelta de tuerca está en cómo se fabrica: a partir de compuestos que ciertos microorganismos producen por fermentación, en una formulación biológica sin células vivas. Según la compañía, es la única entre las alternativas de recubrimiento natural para la etapa poscosecha en el mundo que produce sus compuestos por esa vía.
La empresa nació en 2021 del proceso de incubación de Grid Exponential (GRIDX), de la mano de Joaquín Fisch (ingeniero industrial), Leandro Sánchez (investigador) y Julia Fariña (doctora en Bioquímica e investigadora del CONICET). En 2024 ganó el Startup Agtech Contest de Mendoza, el premio que ahora la lleva a Francia.
Hoy ya trabaja con empresas frutícolas líderes (de los cítricos del norte argentino a los exportadores de peras y manzanas del valle de Río Negro) y suma clientes en el exterior. El problema que ataca es gigante: buena parte de la fruta que se cosecha se pierde antes de venderse, un desperdicio que cuesta miles de millones y golpea al productor y al ambiente.
El caso de Nat4Bio muestra una veta menos ruidosa pero potente del ecosistema regional: la deeptech y la biotecnología aplicadas al agro, donde América Latina tiene materia prima, ciencia y un problema real que resolver. Que una tecnología nacida en un laboratorio argentino se muestre en una feria europea es, además, una buena carta de presentación.